El emotivo lanzamiento del libro "Solo son colores" en el MHNV
El pasado sábado 30 de mayo, las ráfagas de viento frío que bajaban por los cerros de Valparaíso no lograron enfriar el ánimo de las cientos de familias que repletaron el Museo de Historia Natural. En el marco del Día de los Patrimonios, el palacio museo vibraba en su interior con una bella jornada de talleres, risas y descubrimientos. Pero en una de sus salas más acogedoras, el ambiente no solo era cálido por la arquitectura, sino por la emoción de un hito: el lanzamiento de Solo son colores, el primer libro infantil de Silvia Lepe.
La expectación era tal que la sala designada superó toda capacidad máxima. Hubo quienes, con ganas de ser parte de la magia, debieron aguardar en las puertas, atraídos por el murmullo de una convocatoria que superó cualquier expectativa previa.
Una sala llena de ojos atentos
Desde el primer minuto, la atmósfera se transformó en un refugio de creatividad. Guiados por la impecable y cercana conducción del maestro de ceremonia, los asistentes se sumergieron en la propuesta literaria.
Los protagonistas de la jornada fueron, sin duda, los niños. Sentados al borde de sus asientos, con los ojos abiertos de par en par, mantuvieron una atención impecable mientras la autora desmenuzaba las páginas de su ópera prima. El libro, que aborda la temática de la diversidad y la percepción a través de la infancia, caló hondo en el público.
"Para mí fue una experiencia profundamente significativa y emocionante. La sala me pareció hermosa, acogedora y perfecta... Me sentí muy feliz, acompañada y profundamente emocionada al ver el interés que despertó mi libro", relató Silvia, conmovida por la calidez del equipo del museo y el recibimiento de la comunidad.
La respuesta de los porteños no solo fue afectiva, sino también concreta: de los 40 ejemplares que la autora llevó con timidez, se vendieron 17, una cifra que superó con creces lo proyectado para un debut literario en una jornada masiva.
Inspiración para el futuro y sueños llevados al teatro
Más allá de los números, el verdadero patrimonio de la tarde fue el intercambio humano. El encuentro se transformó en un diálogo vivo donde los propios asistentes y pequeños lectores se acercaron a la creadora para proponerle nuevas temáticas, sembrando la semilla de lo que serán sus futuros libros.
Aunque la jornada rozó la perfección, hubo una pequeña ausencia que la autora espera transformar en un próximo hito: la compañía teatral Ziento un Cuento no pudo estar presente debido a funciones comprometidas en Casablanca. Sin embargo, el deseo quedó suspendido en el aire de la sala: que en un futuro cercano, el cuento regrese al museo transformado en una obra de teatro.
Al cierre de la jornada, mientras el frío continuaba afuera, adentro quedaba la certeza de que el patrimonio de Valparaíso no solo está hecho de objetos y fachadas, sino de historias que comienzan a escribirse y de espacios públicos capaces de abrazar los nuevos sueños locales. La autora se despidió con la promesa de volver, guardando esta tarde "entre los recuerdos más hermosos" de su vida literaria.