El Museo de Historia Natural de Valparaíso informa que permanecerá cerrado el sábado 1 de agosto por labores de conservación preventiva, en el marco de su programa anual de fumigación. Estas acciones son fundamentales para resguardar sus colecciones. El recinto retomará su funcionamiento habitual a partir del martes.
Valparaíso 1905: la epidemia de viruela y las inéditas estrategias para impulsar la vacunación
Las enfermedades infecciosas han acompañado a la humanidad durante siglos, impulsando el desarrollo de conocimientos científicos, medidas sanitarias y campañas de inmunización que hoy forman parte de la salud pública. Sin embargo, la aceptación de las vacunas no siempre fue inmediata. La desinformación, los temores y las creencias populares también formaron parte de esta historia.
En la última publicación del programa Ciencias para pasar el invierno, desarrollado por el Museo de Historia Natural de Valparaíso bajo la línea editorial Museo + I.A. Inteligencia Animal, Ancestral y Ambiental, Claudio Ampuero, encargado de MuseoLAB-Aprendizaje, presenta uno de los episodios más dramáticos de la historia sanitaria porteña: la epidemia de viruela que afectó a Valparaíso en 1905 y las estrategias implementadas para enfrentarla.
A comienzos del siglo XX, Valparaíso era el principal puerto del país y uno de los centros urbanos más importantes de Sudamérica. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad convivía con profundas desigualdades sociales. En numerosos cerros, especialmente los más vulnerables, la falta de alcantarillado, agua potable, sistemas adecuados de eliminación de residuos y viviendas hacinadas favorecía la propagación de enfermedades infecciosas.
En este escenario, la epidemia de viruela de 1905 alcanzó dimensiones devastadoras.
Se estima que más de 6.000 personas fallecieron producto de la enfermedad, en una ciudad cuya población no superaba los 180.000 habitantes. La magnitud de esta crisis la convirtió en una de las emergencias sanitarias más graves registradas en la historia de Valparaíso.
Una de las principales medidas implementadas por las autoridades fue el aislamiento de los pacientes en recintos especializados conocidos como lazaretos, destinados exclusivamente al tratamiento de enfermedades altamente contagiosas.
El Lazareto de Playa Ancha, junto con otros establecimientos como el de El Barón, recibió a cientos de personas durante la epidemia. Sin embargo, el rápido aumento de casos provocó el colapso de estos recintos, donde las condiciones de hacinamiento y las limitaciones sanitarias de la época dificultaban la atención de los pacientes.
Las altas tasas de mortalidad registradas en estos establecimientos hicieron que muchas familias evitaran trasladar a sus enfermos, contribuyendo involuntariamente a la propagación del virus.
Aunque la vacuna contra la viruela ya existía y constituía la principal herramienta para controlar la enfermedad, convencer a la población de inmunizarse no resultó sencillo.
Los rumores y la desconfianza llevaron a muchas personas a rechazar la inoculación, difundiendo la idea de que la vacuna podía transmitir enfermedades o causar daños permanentes.
Ante este escenario, las autoridades sanitarias y la Prefectura de Policía organizaron campañas masivas de vacunación con el apoyo de estudiantes de Medicina de la Universidad de Chile que viajaron desde Santiago para colaborar en la emergencia.
Para incentivar la participación ciudadana, se implementó una estrategia poco habitual: quienes acudían a vacunarse recibían pequeños obsequios y boletos para participar en rifas organizadas por las autoridades. Según los registros históricos, se distribuyeron más de 1.600 regalos, transformando esta iniciativa en uno de los primeros ejemplos locales de campañas de incentivo para promover la vacunación.
Este episodio refleja que la comunicación en salud ha sido, históricamente, un elemento tan importante como los avances científicos para controlar las epidemias.
Más allá de sus consecuencias inmediatas, la epidemia de 1905 dejó en evidencia la estrecha relación entre salud pública, condiciones ambientales y calidad de vida.
La falta de infraestructura sanitaria, el acceso desigual al agua potable, el hacinamiento y la desinformación favorecieron la propagación de una enfermedad que pudo controlarse únicamente mediante una combinación de medidas preventivas, aislamiento de casos y vacunación.
Conocer estos acontecimientos permite comprender cómo la ciencia, las políticas públicas y la educación sanitaria han contribuido al desarrollo de sociedades más resilientes frente a las enfermedades infecciosas.
Esta publicación se basa en el libro Valparaíso en 1905: la viruela que arrasó la ciudad, del investigador Andrés García Lagomarsino, obra que reconstruye el impacto social de esta epidemia. El texto constituye una valiosa contribución para comprender uno de los episodios menos conocidos de la historia sanitaria porteña y forma parte de la última entrega de Ciencias para pasar el invierno, programa que durante julio abordó distintas estrategias de adaptación desarrolladas por la naturaleza y las sociedades humanas frente a las condiciones invernales, bajo la línea editorial Museo + I.A. Inteligencia Animal, Ancestral y Ambiental.
Bibliografía
- García Lagomarsino, A. Valparaíso en 1905: la viruela que arrasó la ciudad.
- Cruz-Coke, R. (1995). Historia de la Medicina Chilena. Editorial Andrés Bello.
- Laval, E. (2003). "La viruela en Chile: historia de una enfermedad erradicada". Revista Chilena de Infectología, 20(Supl.).